La semana que no alcanza, las tradiciones y los mitos

Otra semana santa que se acaba, y yo sin poder lograr todo el recogimiento y la congoja espiritual que tenía pensados. Debería ser una quincena santa o un mes santo, pero bueno. Al menos hubo algunos que sí pudieron cumplir sus expectativas: Las romerías de cristianos comprometidos que se fueron de playa, de shopping, o de beba esta semana, porque es que además jugaba la selección.

 

Otros que seguramente han quedado satisfechos (en la mejor acepción de la palabra) son los sádicos, masoquistas y voyeristas que disfrutan de las exhibiciones y flagelaciones de semana santa, que para más inri, son públicas. Yo creo que ese tema no ha sido apropiadamente estudiado. ¿Qué le pasa por la mente a un sado masoquista cuando ve a los nazarenos de semana santa dándose rejo en la espalda? Los que se crucificaron por estos días, ¿lo hicieron por gusto? ¿Qué siente un partidario del Ku Klux Klan cuando ve una procesión española tradicional?

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La semana santa de este año además es motivo de celebración para muchos. Este año canonizan a Sor Teresa de Calcuta. Doña teresa era de Europa Oriental y viajó a la India a promover los ideales cristianos: No les daba medicina o tratamiento adecuado a los que llegaban a sus hospitales, porque pensaba que el sufrimiento era una forma de acercarse a Dios. Comulgaba (nuevamente esta palabra me quedó muy bien puesta) con dictadores brutales como Duvalier en Haití y Hoxha de Albania, y tenía unos manejos financieros muy recursivos. Pero a pesar de todas estas suspicacias, el papa de aquel entonces, Karol Wojtyla, la beatificó prácticamente recién caída al sepulcro, sin mayores miramientos. El propio Wojtyla está en cola para volverse santo, a pesar de su encubrimiento de pederastras tan ilustres con el cura Marcial Maciel en México, o los violadores que destaparon en Estados Unidos y de los que hicieron la película que ganó el Óscar este año.  A nivel más local, los colombianos de bien esperamos ansiosos la beatificación del obispo antioqueño Miguel Ángel Builes, quien era partidario de “la violencia”, que viene a ser algo así como la institucionalización del asesinato por razones políticas. No sobra decir que Builes además era misógino y detestaba cualquier forma de expresión artística que no fuera católica.

 

Pero a pesar de toda esta felicidad, recogimiento, satisfacción y anticipación, todavía habemos algunos a los que no nos termina de cuadrar caja con la semana santa. Los españoles, que son unos loquillos, tenían algunas tradiciones muy peculiares para rematar esta magna celebración. En Salamanca por ejemplo se celebra El Lunes de Aguas, que ocurre en las pascuas desde hace varios siglos. En tiempos del rey católico Felipe II, Salamanca era la cuidad más piadosa y rezandera de Europa, y tal como ocurría con Nápoles, cuidad a la que le quitó ese honor, coincidencialmente Salamanca también tenía los mejores y más variados prostíbulos del continente. En el siglo XVI Felipe decretó que las prostitutas salieran de la ciudad santa, al menos durante la cuaresma, para poder celebrar su matrimonio. Las meretrices no se fueron muy lejos, ya que se asentaron temporalmente al otro lado del río Duero.

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Para hacer el cuento corto, se volvió costumbre que cada lunes de pascua estas muchachas de vida alegre atravesaran el río para regresar a la ciudad, ya que los curas y demás piadosos habían estado en abstinencia durante más de cuarenta días. El ímpetu y la anticipación luego del recogimiento santo era tal, que prácticamente no las dejaban tocar tierra y se armaba una orgía pública en pleno río. Lastimosamente el espíritu de la celebración se fue perdiendo con los años. Ya no hay meretrices, ni orgías, pero sigue habiendo muchos católicos incautos que se van al río a celebrar la fiesta sin tener muy claro su sórdido origen. Moraleja para los que celebran sin saber bien qué es lo que están celebrando. La propia pascua por ejemplo, es una fiesta pagana, que la institución católica acomodó convenientemente para aglomerar inocentes, pero que es tan santa como el conejo y los huevos de chocolate.

 

Ahora que si el Lunes de Aguas se volviera festivo, yo no tendría problemas en celebrarlo tampoco. Al fin y al cabo para el recogimiento y la introspección santa, cualquier tiempo es poco.

 

 

 

 

 

 

 

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