Sobre el día de la toalla, los frikis y el reguetón

En estos días hablaba con alguien del fanatismo que generan cosas tan disímiles como el fútbol, la religión, la nacionalidad, o la política. Son el tipo de cosas por las que la gente se mata, o por las que se forman odios y guerras eternas. Pareciera que el fondo común de todos esos comportamientos extremos es el sentido de pertenencia: Saberse de un equipo, un credo o un partido político particular, parece darnos licencia para menospreciar, reprobar e incluso odiar, a todos los que no tomaron la misma opción que nosotros. Por ese mismo camino van las tribus urbanas y tantos otros agrupamientos humanos, en los que se le hace el feo a todos  los que están por fuera.

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Pero dejando al lado lo serio del tema, valga la introducción para decir que hoy 25 de Mayo se celebra el día del friki, que no viene a ser otra cosa que una más de esas agrupaciones humanas. La palabra friki es una deformación del anglicanismo freak, y viene a designar aquellas personas con comportamientos, gustos o aficiones inusuales. Precisamente por tener apetencias poco comunes, el friki tiende mucho al ostracismo y al aislamiento. Tiende a ser poco sociable, aunque llega a ser muy cálido con los de su propia condición. Muchas veces llega a haber una intersección entre el mundo friki y el nerd, aunque parece ser que las fronteras entre ambas denominaciones están perfectamente bien definidas.

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Y así como ocurre con la religión, los deportes o la política, el friki está orgulloso de exhibirse. No falta el que presume en algún foro en internet de hablar el idioma Klingon (Traducción para los no–frikis: Lengua vernácula inventada Marc Okrand para la serie Star Trek), o el que con más de 30 años se jacta de ser un maestro de los videojuegos, o el que se sabe completa y en detalle la historia de los Pokemón o de Star Wars. Lo mismo vale para gente que gusta de tangos que nadie siquiera conoce, o de películas japonesas, o de gente como mi hermana, que hace unos años se aprendió el baile de la pantera rosa.

 

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El frikismo tiene muchas caras, y en cierta forma todos terminamos siendo parte de esta cultura, porque todos llegamos a tener nuestras propias excentricidades. Eso sí en este grupo no caben los gustos masificados. No se le puede llamar friki a alguien que le guste el reguetón o los reality shows. Una cultura se define por lo elementos que la diferencian. Los elementos culturales masivos servirán para unificar gustos, opiniones y a la larga para poder manipular mejor a la gente, generando opiniones artificiales como quien genera modas. El friki es en cierta forma un rebelde en contra de la masificación.

 

Pero volviendo al cuento del día del friki, y como pudiera esperarse de los que lo celebran, a partir del año 2001, la conmemoración se convirtió en el día de la toalla. Todo en honor a Douglas Adams, autor de la serie de libros “The hitchhiker’s guide to the galaxy” y gracias a quien conocemos la respuesta para la vida, el universo y todo lo que existe: 42. En sus libros, Adams no pierde oportunidad de hacer énfasis en lo importante que es cargar una toalla para los viajes espaciales. Luego de su muerte hace 15 años, los frikis de todo el mundo tácitamente coincidieron en hacerle un homenaje cargando una toalla en este día, porque uno nunca sabe cuándo le toque salir apurado del planeta.

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