¿Y si el Universo fuera un holograma y conspira para que no te des cuenta?

El mensaje de SPAM de hoy se pretende que sea una especie de catarsis, por un seminario en el que quería participar y al que tuve que declinar a última hora. A propósito del tema del seminario y de la emergencia que me impidió asistir, un conspiranóico diría que el propio universo conspira para que la entropía no disminuya. El texto a continuación versa sobre temas que parecen de locos, pero que han venido ganando relevancia entre la comunidad científica internacional. Así que parodiando un meme que estuvo de moda hace poco tiempo, querido lector: Agárrese a su asiento, porque en los próximos párrafos le voy a mostrar lo que pueden hacer la frustración y el insomnio, combinados con la cerveza y mi tendencia natural a botarle corriente a temas inocuos.

Vayan por delante un par de advertencias. La primera es que el texto no pretende cerrar nada. Si alguien me pregunta por mi afición a escribir, diré sacando pecho que me precio de ser ensayista. Esto no es un ensayo, y no tengo una posición definida sobre los temas que voy a tratar a continuación. Como buen profesor, me he vuelto experto en formular preguntas, no en dar soluciones. La segunda advertencia puede llegar a ser obvia en este punto. Varios de los temas tratados adelante implican cierto rigor científico, pero la intención de este servidor es tratarlos de una manera un poco más ligera. Es decir, si quien aborde este mensaje de SPAM espera encontrar un tratado formal sobre el asunto de la Entropía, la Teoría de Cuerdas o el Efecto Holográfico, quizás sea mejor abandonar la lectura en este punto, que sentir el vacío y la decepción después de terminarla.

La cosa con estos temas ha tomado tanto vuelo, que hay quienes afirman directamente que no vivimos en un universo “real”, sino que hacemos parte de una simulación, organizada por algún ente que tiene a disposición recursos computacionales y tecnológicos ilimitados. Las simulaciones son más efectivas en la medida que se sientan cada vez más reales. A lo Dostoievski, quien afirmaba que la mejor cárcel es aquella en la que los presos no se dan cuenta que están encerrados, la simulación perfecta es aquella en la que los sujetos simulados crean que viven en la realidad. Y aunque estas afirmaciones estilo Matrix pueden provocar rechazo o desdén, lo cierto es que cada vez hay más gente seria considerándolas.

En el año 2003 un filósofo de apellido Bostrom postuló unas ideas inquietantes sobre el asunto del universo simulado, usando solamente la lógica. Bostrom formuló varias situaciones hipotéticas y excluyentes, y luego desarrolló una discusión sobre la probabilidad de que cada una de estas situaciones sea cierta. La primera opción es que nuestra civilización se extinga antes de tener siquiera la posibilidad de implementar simulaciones tan complejas y realistas como la que supuestamente estamos experimentando. La Ley de Moore (que se ha venido cumpliendo de manera más o menos precisa) anticipa un crecimiento exponencial en las capacidades de cálculo de nuestros computadores. Si esta primera opción es cierta, la debacle de la raza humana se viene más pronto que tarde. La segunda opción es que nuestra raza desarrolle las capacidades técnicas necesarias para adelantar las simulaciones del universo, pero que no tenga interés en implementarlas. Visto lo visto en el mundo actual, las aguas no parecen fluir por ese camino. Hoy en día tenemos simuladores para cuanta cosa se nos ocurra, y los mejoramos de forma incremental y continua. Las redes sociales y plataformas como la de Los Sims, son un botón de muestra de nuestro interés por simular incluso la realidad y las interacciones humanas. La última opción en esta triada incómoda de Bostrom es que logremos la capacidad técnica y que estemos dispuestos a desarrollar las recreaciones de nuestro universo. En ese caso, seguro que habría muchos intentos de simulación, lo que le deja poca probabilidad a que este universo, precisamente este en el que Usted y yo nos estamos comunicando por medios electrónicos, sea el universo real. Sería mucho más probable que seamos parte de alguna simulación corrida por nuestros descendientes en el futuro.

Dejando a un lado cuestiones filosóficas espesas (y que algunos catalogamos de circulares), Carl Sagan analiza muy elocuentemente nuestra tendencia natural a buscarle patrones y orden a todo lo que nos rodea. Cuando esa propensión se pone en el contexto de un mundo caótico (donde el caos tiende a aumentar constantemente), tenemos situaciones en las que alguien mira al cielo estrellado y ve osos y caballos alados, o personas que ven figuras reconocibles en una tostada o en una mancha de humedad. Yo no podría hacerlo distinto y he dividido el tema en tres elementos principales, tratando desesperadamente de darle lógica a un tema que me desborda. Lo bueno de esta taxonomía es que cada uno de estos elementos va creciendo en complejidad (por lo menos para mí) a medida que se va presentando, de modo que Usted, amable lector, puede abandonar el texto a discreción ante el primer asomo de aburrimiento. Lo de la catarsis al principio del mensaje no era mentira, aunque lo que realmente me aflige es estarle perdiendo tiempo a cuestiones que no le aportan mucho a mi trabajo. Así que si en vez de por aburrimiento, el abandono ocurre porque Usted no se quiere dejar arrastrar al puerco círculo de la procrastinación, le absuelvo de todo pecado. Luego me puede decir que mi mensaje estuvo “bueno” o “interesante”, y como dicen Los Rodriguez, simplemente la mano nos damos.

 

Las leyes amañadas

Stephen King cuenta en The Shawnshank Redepmtion, que después de algún tiempo, todos los presos condenados le echan la culpa de la condena a su abogado. El otro escape es quejarse y atribuir la condena a leyes injustas. Esta pose del quejoso, es la que pretendo asumir a continuación. Parece ser que las leyes de nuestro universo y las de nuestra propia ciencia hubieran sido concebidas específicamente para impedirnos saber ciertas cosas, al punto que otro Stephen famoso, Hawking, llega a preguntarse de forma lastimera si algún día llegaremos a conocer los detalles fundamentales sobre el origen y el funcionamiento de todo lo que nos rodea. Hawking dice que podemos estar impedidos por muchas razones, como el hecho de estar atrapados en una percepción limitada a unas pocas dimensiones físicas. Hago notar las referencias repetidas a la cárcel, las condenas y al hecho de estar atrapados, y reitero que un universo que no se deja conocer del todo, resulta muy conveniente en una simulación en la que participan entes pensantes.

Un ejemplo de estas leyes amañadas es el asunto de la constante expansión del universo, que combinado con la limitación para cualquier partícula o incluso para la información, de no poder viajar más rápido que cierto límite, implica que arrancamos perdiendo en el intento por conocer nuestro universo. Si tuviéramos la tecnología para emprender un viaje intergaláctico el día de hoy, ya hay buena parte del universo observable que no podremos alcanzar nunca, y ni qué decir de la parte no observable o de sus límites. Con el tema de la Entropía sucede algo parecido. Un universo en el que el la energía tiende a estar cada vez más desorganizada, hace que los viajes largos sean demasiado costosos. Si tuviéramos la forma de generar energía de forma espontánea, o al menos de conservarla de forma razonablemente eficiente, hace rato habríamos emprendido viajes  a otras estrellas.

Otra de esas leyes que parecen muy convenientes para la teoría del simulador es el Principio de Incertidumbre, que haciendo un resumen atrevido viene a decir que por muy avanzada que sea nuestra tecnología, nunca podremos tener ninguna medida libre de error. Este principio es especialmente importante cuando las dimensiones de la medida en cuestión son bastante pequeñas, de modo que si por un lado estamos impedidos para explorar aquello que está a grandes distancias, Heisenberg nos puso talanquera también para conocer los detalles de lo que ocurre a muy pequeña escala.

Finalmente, pero no menos importante, están las limitaciones de nuestra propia ciencia. El método científico nos ha impulsado mucho en los últimos siglos, pero ciertamente se queda corto. En el enfoque positivista de la investigación, la verdad siempre será susceptible de ser conocida. Pero esto es solo un enfoque. Aquellos que estamos familiarizados con estos procesos sabemos que una investigación puede llevar a resultados contradictorios o incompletos. Para los que buscan una explicación más formal, recomiendo el Principio de Incompletitud de Kurt Gödel, que dicta que todo sistema axiomático (la física, las matemáticas y todas las ciencias “duras” clasifican como axiomáticas) es o bien inconsistente o incompleto. El teorema de Gödel dio origen a enfoques heurísticos y a áreas como el de la lógica difusa, pero también nos deja con los pantalones abajo, y pone en evidencia la imperfección de la herramienta de la que disponemos para conocer el universo.

 

Shannon, Renyi, Azimov y las entropías

Cuando uno busca el tema de la Entropía en Wikipedia, aparece un texto aclaratorio con respecto a que también existe un concepto llamado igual en la Teoría de la Información. De hecho mi primer contacto con las entropías fue por el lado del procesamiento de señales y los métodos de compresión. Luego habría de usar ese mismo concepto en mi doctorado para cuantificar qué tan perdido está un algoritmo de búsqueda, y hace poco me enteré que hubo otros intentos aparte del de Shannon por medir la cantidad de información, uno de ellos formulado por un matemático de apellido Renyi.

Shannon sostenía que la cantidad de información que lleva un mensaje es directamente proporcional a su incertidumbre. Si uno conoce exactamente y sin ambigüedades el contenido un mensaje que está por llegar, la llegada del mensaje en sí no aporta ningún tipo de información nueva.  En cambio, si el mensaje es completamente inesperado o incierto, la cantidad de información obtenida es mucho mayor. Por eso es que se considera que hay mucha menos información en el hecho de saber que el agua moja, que en conocer los números de la lotería de la próxima semana. La medida de la Entropía en este contexto cuantifica que tan desordenada está la información de una fuente.

Tengo una amiga que me dice que Shannon la embarró poniéndole “Entropía” a su medida de incertidumbre o aleatoriedad para una fuente información discreta. Le voy a llevar la contraria diciendo que el nombre me parece de lo más apropiado. De hecho, la Entropía de la termodinámica se define como la cantidad de desorden que exhiben materia y energía en un espacio cerrado. Shannon propuso el bit como medida de cantidad de información en su formulación, y para explicar el Efecto Holográfico (que se verá en el último inciso de este mensaje de SPAM eterno), los físicos modernos están hablando del Nap, como una medida de la cantidad de información necesaria para reconstruir un porción cerrada del universo, en términos de materia y energía.

Quizás el mejor ejemplo de la frontera difusa entre los conceptos de entropía, sea “La última pregunta” de Isaac Azimov, que los presenta de manera magistral. Hago notar la sospechosa similitud entre un concepto que tiene que ver con las bases mismas del funcionamiento del universo, y un concepto tomado de la informática. No me resisto a decir en este punto que por el lado de la ciencia ficción ya hay una respuesta para la pregunta del universo, la vida y todo lo demás, aunque resulte tan inútil como desconcertante: 42.

 

Lo que dice la ciencia moderna

Hay dos vertientes de la ciencia en la actualidad que parecen apuntar independientemente al hecho que nuestro universo es una proyección holográfica. En primer lugar, los científicos se están cuestionando sobre si las dimensiones espaciales de nuestro universo están cuantizadas, al igual que la energía y otras medidas importantes. Esto significaría que al hacer un zoom arbitrariamente grande con un microscopio hipotético súper potente, llegaría un punto en el que veríamos una especie de pixeles tridimensionales, al estilo de los pixeles que se pueden ver en una pantalla digital. Demostrar que las dimensiones físicas de nuestro universo están cuantizadas, sería la antesala de Matrix, tanto sintáctica como metafóricamente.

La segunda explicación es todavía más truculenta. Para explicar la bobadita del escape de la información de un agujero negro, los físicos han desarrollado el concepto del Efecto Holográfico. Según este efecto, una región cerrada del espacio se puede reconstruir sin ningún tipo de error si se tiene la cantidad suficiente de información, medida en Naps. Los Naps se distribuyen en la superficie que hace de frontera para la región cerrada en cuestión. Resumiendo, lo anterior quiere decir que la toda información de nuestro universo está organizada en dos dimensiones, por lo que la tercera dimensión no sería más que un efecto y no se requiere para explicar nada, o que esta tercera dimensión que percibimos es una suerte de proyección holográfica. Bajo este paradigma, la gravedad sería un efecto conexo a este holograma de nuestro universo y no existiría en dos dimensiones, y se definiría como la tendencia natural de la información a estar más concentrada. En ese mismo contexto los agujeros negros se definen como las regiones en las cuales la densidad de Naps por unidad de área llega a su límite máximo teórico. Es decir, los agujeros negros son regiones en donde hay concentrada hay una cantidad enorme de masa y energía, o donde la entropía es máxima.

El nada despreciable asunto del holograma, del cual la ciencia moderna habla tanto para escalas infinitesimales como estelares, y la correlación evidente entre materia, energía e información, hace que uno se sienta como aquellos personajes de la Alegoría de la Caverna de Platón, justo antes de conocer la realidad, o como Neo antes de tomar la pastilla roja. La otra es que de pronto estemos impedidos para la verdad, como se decía al principio, y el asunto de los hologramas y las simulaciones nunca se logre demostrar de manera concluyente.

 

 

 

 

Nota 1: El título original para este ladrillito era “Sobre la Entropía, el Principio Holográfico y lo difícil que se pone el final de la quincena”. A última hora se cambió por algo menos descriptivo.

Nota 2: Muchas gracias por haber llegado a este punto. Llego a pensar que su persistencia es casi tan enfermiza como mi vocación de spammer. Dejo abierta la discusión por este medio para cualquier comentario, reclamo o amenaza por mensajes no deseados, u opiniones del tema que originalmente era del seminario al que no pude asistir.

De Nazis, libros prohibidos, el pesebre y las cenizas

Por allá en el Siglo XIX el papa Pio IX (Pionono), se hizo declarar infalible por el Concilio Vaticano Primero. Para ese momento la vieja fórmula para lidiar con las contradicciones del cristianismo estaba muy gastada. Eso de andarle prendiendo una candela por debajo a todo el que pusiera en peligro una verdad que no se sostenía sola, había funcionado muy bien durante una época que por pura coincidencia hoy en día se conoce como oscurantismo. Pero los tiempos de Pionono eran diferentes. La alharaca de los derechos del hombre, la revolución francesa, la industrial y el humanismo, habían hecho que cosas como la inquisición o la esclavitud se vieran mal. Era necesario buscar otras formas de defender el dogma, sin parecer un cruel o un déspota.

 

Lo que Pionono no fue capaz de anticipar es que declararse infalible es casi tan ingenuo como creerse dueño de la verdad. Habrían de venir muchos sucesores del primer indefectible, y todos habrían de actuar como lo hacen aquellos que se han curado del estreñimiento: Haciendo una cagada de forma más o menos periódica. La lista de estas salidas en falso papales es larga y oprobiosa, aunque no dejan de llamar la atención algunos casos particulares.

 

A Juan Pablo I lo mataron (dicen) a pocos días de haberse convertido en papa. Se había propuesto limpiar las finanzas del estado vaticano y acabar con la guachafita de lavado de dinero en la que se había convertido el banco de dicho estado. El yerro de Juan Pablo estuvo feo: No se metió con el de arriba, sino con la mafia italiana, y esos no perdonan. Hasta mediados de los años 60, el vaticano mantenía y actualizaba una lista de libros prohibidos para todo el que se preciara de ser piadoso. El infalible de ese momento (Pablo VI), se contradijo con sus predecesores al decretar que la lista ya no iba más. Pio XII sale bastante mal parado del episodio de la Segunda Guerra Mundial. Parece ser que era más que colaborador con los nazis, y que incluso organizó rutas de escape (por una ciudad que se llama Odessa) para sus altos mandos, cuando la guerra se sabía perdida. Wojtyla dijo en algún momento que el purgatorio no existe, y su sucesor afirmo sin pestañear que el infierno sí existe. Que si los condones aumentan el riego de las enfermedades de transmisión sexual, que si las mujeres, que si los divorciados, que si las mascotas, que si los homosexuales…

 

Joseph Ratzinger dijo hace unos años que en el pesebre originalmente no había ni mula ni buey, llevándose por delante la letra de más de un villancico. Yo me aguanto que la iglesia sea misógina, abusiva, torturadora, represiva y autócrata, ¡pero el pesebre se respeta! Quizás el objetivo de Benedicto era zanjar el asunto del mal olor que debía haber en el pesebre, o de por qué la mula y el buey no se comieron el heno calientico en el que reposaba el niño, pero se dejó llevar.

 

El representante actual de Dios en el mundo ha dispuesto que eso de esparcir las cenizas de la gente disque está mal. Nada de mantener a la abuelita en una urna en la sala de la casa, eso no es cristiano. Yo tenía planeado que después de muerto me cremaran y tiraran las cenizas por ahí en cualquier parte. Incluso por la alcantarilla. No me gusta la idea de irme dejando una ilusión de permanencia con una tumba o una urna. Parece ser que bajo las nuevas disposiciones infalibles, mis planes no son del agrado de Dios. Vaya sorpresa. Con el crecimiento tan acelerado de la población es curioso que la iglesia esté a favor de promover cementerios, camposantos y cosas por el estilo, aunque puede llegar a tener lógica si se involucra la variable financiera en el asunto. La otra cosa que puede darle réditos a los infalibles es el asunto de la exclusividad: Si quieres ver a un ser querido que ya falleció vas a tener que hacerlo a través de un agente autorizado.

 

Yo estoy intrigado por saber por dónde vendrá el próximo varillazo infalible. Ojalá a algún iluminado de estos le dé por prohibir eso de tomarle fotos a la comida, o el reguetón, o excomulgue a Ricardo Arjona. Soñar no cuesta nada.

 

 

 

 

 

 

 

 

Yo quiero de lo que fumaron los del Nobel

Grandes escritores colombianos como Jorge Barón, Roy Barreras y yo, estamos indignados con esta gente de Estocolmo. Esto es el colmo. No les bastó con el Nobel de paz a Obama o a Kissinger, que carga un poco de muertos, torturas, golpes de estado, y autocracias. No, los del Nobel se han superado este año. En primera, le dieron el premio de paz a Juanpa Santos. Yo con eso no tenía mucho karma, aunque está el asunto de los falsos positivos cuando nuestro ilustre presidente era ministro de defensa.

 

Pero lo de Bob Dylan no tiene perdón. Lo de los muertos, las torturas y las autocracias palidece ante el oprobio de darle el premio de literatura a un compositor y cantante. Que disque porque es “un nuevo símbolo de la poesía a través de la tradición americana de la canción”. En esa frase hay un montón de cosas que no me cuadran: Lo de nuevo, lo de poesía y lo de tradición americana. Gabo debe estar revolcándose en la tumba. Ahora es igual de meritorio escribir una novela memorable, que componer una canción con retazos de frases disque poéticas. Buenas noticias para el reguetonero Pitbull, que dice inspirarse en Cortázar y Neruda. Debe estarse frotando las manos y pensando en el día que le toque ir a Suecia a recibir su premio.

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Los paisas tienen un verbo para estas situaciones. Diría algún hijo de esta tierra que los Nobel se perratiaron. Y mientras lucho con el autocorrector para que me deje la palabrita como está, pienso en todas aquellas situaciones en las que alguna institución, persona o premio prestigioso pierde interés cuando se vuelve corriente y vulgar. Cuando deja de ser exclusivo. Ahora unos años tener visa gringa era casi la antesala del Olimpo. La gente salía llorando de la embajada cuando se la negaban, o como si se hubiera ganado la lotería en caso contrario. Paradójicamente, luego que me la dieron a mí, me di cuenta que el asunto se había vuelto anodino. De hecho ahora están pensando hasta en quitarla.

 

Cuando una cosa especial se vuelve pueril, pierde su encanto. Lo mismo se podría decir de los premios Grammy, o de los Óscar con DiCaprio, o del reinado de Cartagena. Ya pocos les paran bolas, porque cualquiera se los gana. La buena noticia de eso es que nosotros, los de media tabla, podemos aspirar a que la cosa se perratee tanto que nos toque algún premio, otrora prestigioso. En algún momento la real academia sueca puede llegar a considerar que “llenar las casillas de correo ajenas con mensajes no deseados e incipientes, se ha convertido en una nueva forma de impulsar la tradición cultural”. Y ese día, ese maravilloso día mis queridos amigos, goleo.

 

En todo caso, y viendo lo de Dylan, yo sé que faltan muchos años para eso. Toca esperar a que la cosa tome fuerza y que el premio se siga perratiando a límites obscenos. Por ahora me inquieta una cosa que me dijo mi esposa y que no me ha dejado dormir. Que como van las cosas, le van a dar un Nobel de literatura a Ricardo Arjona. Como no podía ser de otra forma, y para rematar con broche de oro esta nueva pieza de la tradición cultural, copio aquí un extracto del maestro:

De vez en mes te haces artista

Dejando un cuadro impresionista

Debajo del edredón

De vez en mes con tu acuarela

Pintas jirones de ciruelas

Que van a dar hasta el colchón.

 

Una lista de cosas inquietantes

Por solicitud expresa de una amiga, y atendiendo intereses meramente académicos, se me ha pedido que haga una lista de imágenes, escenas o situaciones que puedan inducir al estrés a las personas que las perciban. El objetivo es efectuar un ejercicio en donde se pueda correlacionar el estado emocional de las personas con el nivel de tensión muscular, medido por medio de unos electrodos.

 

No quiero ahondar mucho en el por qué cuando surgió el problema de encontrar estímulos que angustiaran a las personas, pensaron en mí. Hay cosas de las que es mejor no saber. Más bien pretendo tomarme mi tarea muy en serio y como no podía ser de otra forma, me ha dado por escribir del asunto. Sigue a continuación una lista de las que para mí son algunas de las escenas más estresantes del cine. De esas que le aceleran el pulso incluso a Chuck Norris o Steven Seagal.

 

También quiero proponerle a los habituales de estos mensajes y que todavía los leen, que si se les ocurre alguna otra joya que merezca estar en la lista, me lo hagan saber a la mayor brevedad, para complementarla y pasársela a las encargadas del estudio. Hoy voy a abusar de su buena disposición, para que colaboren indirectamente con el asunto. Ahora sí, la lista:

  • 127 horas y la carnicería que nos habían podido ahorrar. La película cuenta la historia real de un excursionista que se queda atrapado en una cueva y para poder escapar y sobrevivir, se tiene que cortar el brazo él mismo. La peor escena obviamente es la del brazo, además porque la hicieron muy explícita. (https://www.youtube.com/watch?v=fppKCutIYrM)
  • The room. Esta peli estuvo nominada al Óscar hace poquito. Cuenta la historia de una muchacha que ha estado secuestrada hace varios años por un psicópata. La muchacha se la pasa encerrada en un cuarto (de ahí el nombre), donde convive con un hijo que tuvo mientras estaba cautiva. El niño no conoce nada del mundo exterior, y la escena más angustiosa que he visto desde hace mucho tiempo, es la del escape del niño. (https://www.youtube.com/watch?v=cvM1-3uu5h0)
  • Misery. Misery es un libro de Stephen King, en donde se explora cómo el fanatismo que tienen algunas personas por artistas y famosos, se puede volver enfermizo y llevar a la locura. La peor escena de la película es cuando la fanática (Kathy Bates) se asegura que su ídolo (James Caan) no intente escaparse otra vez. (https://www.youtube.com/watch?v=1Zzg3UP-x8k)
  • Toda la película El Hostal. Sin comentarios.
  • El resplandor. Otra de Stephen King. Esta peli tiene varias escenas que inquietan hasta el más impasible, incluso hoy en día. Entre las más más, me suenan la del hacha, y la de las gemelas. (https://www.youtube.com/watch?v=75Nl8kdHRYo https://www.youtube.com/watch?v=fxy2ArBdULQ)
  • Gravity. Otra que estuvo nominada al Óscar hace poco. A mí personalmente la peli no me gustó, y tampoco me gusta Sandra Bullock, pero la escena de cuando ella se suelta del transbordador si merece estar en esta lista. (https://www.youtube.com/watch?v=C4pcg7bXgmU)
  • La naranja mecánica. Esta joyita tiene también varias escenas fuertes. Hay una muy parecida a la del experimento que describí al principio, en la que al protagonista lo obligan a ver escenas violentas, para que asocie la maldad con el dolor. (https://www.youtube.com/watch?v=Jv1Bmne20l4)
  • Avenida Cloverfield. Otra situación de escape. La muchacha de la escena ha estado en un búnker con un loco que afirma que el mundo fue tomado por los aliens. Le hubiera valido mejor no salir a comprobarlo. (https://www.youtube.com/watch?v=ogileDEq1oc)
  • Tusk o el hombre que amaba mucho las morsas. Esta es la historia de un viejo que convivió en una isla con una morsa, y la quiso tanto, que cuando pisó tierra empezó a secuestrar incautos para convertirlos en morsas por medio de cirugía. La película navega entre la inquietud, la pena ajena y la incomodidad extrema. (https://www.youtube.com/watch?v=X5JwdoY_qAE)

 

Yo sé que se quedan por fuera de la lista joyas gore y asquerosas como “A Serbian movie”, pero creo que eso ya estaría muy pasado. Ahora que si lo que se quiere es angustia e incomodidad extremas, se puede buscar un concierto de Arjona o el CD que sacó Amparo Grisales.

Muchas gracias a los que colaboren.

 

 

 

Reflexiones sobre la soledad y el Halls negro

Yo también siento que me caí del mundo, y que me queda muy duro volverme a subir. Como a Eduardo Galeano, me cuesta seguir impasible frente a algunas contradicciones de nuestros tiempos. Por ejemplo, es difícil entender cómo en un mundo en el que estamos conectados virtualmente con todo el mundo, la gente esté tan sola. García Márquez decía algo así como que crecer es labrar un pacto honesto con la soledad, y le dedicó muchas otras reflexiones al tema. Curioso que personajes tan sesudos se angustien por las mismas cuestiones. En ese selecto club de los desahuciados habemos personajes tan ilustres como Eduardo Galeano, García Márquez y yo.

 

Ciertamente la soledad tiene muchas formas. Podría citar otra vez a Gabo, y decir que una de las peores formas de soledad es tener a la persona amada al lado y saber que no será tuya nunca, pero esta vez discrepo de mi colega. La peor forma de soledad es cuando en un grupo alguien habla de un tema que todos conocen, menos uno. Cuenta como ejemplo el chiste que todos los demás entienden, y del que te ríes más por deferencia y aceptación, que por un impulso hilarante honesto. O el tema frente al cual te toca asentir mecánica e indefensamente, dados los argumentos y contra argumentos, porque no tienes ni idea de qué se trata. El problema adicional es que aparte de soledad, aparece la vergüenza natural por la ignorancia.

 

En cuanto a temas de conversación en grupo, he tenido que sufrir por uno que estoy seguro que ni Gabo, ni Galeano, ni ningún otro sabio ha enfrentado antes: El potencial que tiene el Halls negro para mejorar la calidad de un encuentro erótico. Si ya de por sí es difícil enfrentar el círculo vicioso de la soledad, la vergüenza, y la ignorancia, el tema del Halls negro viene siendo como la cereza en el pastel, porque añade la sensación se ser poco hábil en cuestiones amatorias.

 

Ser neófito en el tema cuando todos parecen expertos, lo enfrenta a uno además a cuestiones espaciales (¿Dónde?), cronológicas (¿Cuándo?) e incluso cromatográficas (¿Por qué putas el halls debe ser negro?). Una búsqueda en Google no ayuda mucho y seguro que si Gabo hubiera escuchado del tema, habría sacado uno de sus geniales pensamientos al respecto. O a lo mejor una novela, uno nunca sabe.

 

Por lo pronto yo me conformaría con entender la risita maliciosa cuando el asunto sale a tema en una conversación de grupo. También sería bueno poder emitir alguna opinión, que no necesariamente tiene que ser del tipo “a mí me pasó…”, pero si al menos algo así como “he oído que…”. Yo puedo entender a aquellos que afirman que hay cosas de las que es mejor no saber, pero por razones meramente académicas, creo que un poquito de información en este caso no hace daño. Mientras alguien me lo explica, seguiré sin poder subirme al mundo, como Eduardo Galeano.

 

 

Sobre la esclavitud voluntaria

 

Todos habremos visto la escena: Uno de los personajes de Matrix llenándose la boca con carne, que él mismo reconoce que es falsa, mientras sentencia que la ignorancia es felicidad. A él no le importa mucho que la carne sea solamente un conjunto de impulsos eléctricos que Matrix ha puesto en su cerebro, y reconoce que prefiere una felicidad simulada que conocer una realidad desoladora. En el fondo el asunto es ese: El hombre de la caverna de Platón, que la ha abandonado y conoce los detalles de su propia existencia, se lamenta por no haberse quedado quietesito de espaldas al fuego, disfrutando del calor y de no saber nada. O en el caso de la película, se lamenta por no haber tomado la pastilla azul.

 

La ignorancia es una prisión cómoda y como se ha mostrado, incluso deseable. Es de esas cosas que propician situaciones de esclavitud voluntaria. Como la madre que cuida y defiende al hijo calavera, o de la esposa maltratada que defiende al marido, o la población vapuleada que se empeña en elegir y perpetuar al mismo tirano. “Todos hemos sido el negro de alguien, alguna vez”, sentencia Matthew McConaughey en El Valiente (si, otra película), queriendo decir que todos hemos sufrido algún tipo de esclavitud. Habría que agregar que muchas veces nosotros mismos defendemos a nuestros opresores y nos forjamos las cadenas.

 

Mucho antes de la proclamación de los derechos humanos, de la resistencia pacífica de Ghandi y de las revoluciones en contra de las monarquías y los imperios en todo el mundo, un francesito de nombre Étienne de La Boétie, ya había sentado las bases de lo que implica la servidumbre voluntaria. Aunque entristece un poco, la humanidad parece tener una tendencia natural a forjar su propio yugo, y la historia nos brinda ejemplos suficientes y desesperanzadores: Monarquías, feudalismo, religión, nepotismo, corrupción política, fanatismos. No extraña entonces ver a grupos de personas felices feriando su futuro en nombre de un partido, o de un político, o de un dogma.

 

Toca entonces de mala gana tomarse la pastilla roja y rechazar el sitio en la caverna de espaldas al fuego. Toca rehusar toda forma de fanatismo, o de tiranía, o de servidumbre voluntaria. Toca buscar y esperar la verdad, aunque no se logre nunca, y aunque encontrarla implique incomodidad y desasosiego. Toca asumir lo que somos y cómo somos.