Bienvenido a su distopía

La distopía es un género literario que describe un futuro desalentador, perverso, contrario a los sueños y expectativas que tenemos con respecto a nuestro propio destino. No por nada el término distopía se considera un antónimo de utopía, que por definición viene con un tufo a imposible, a sueño irrealizable. Si uno busca la definición de utopía en la RAE, aparecen por todas partes referencias a los conceptos de ideal e inalcanzable. Y aunque para mí un mundo sin Ricardo Arjona, sin Nicolas Cage, y sin tomarle fotos a la comida, no me parece tan difícil de conseguir, razón deben tener los de la academia de la lengua en darle ese matiz de imposibilidad a la utopía.

 

Lo preocupante del asunto es cuando aplicando la lógica como buen ingeniero, se da uno cuenta que si la utopía es irrealizable, entonces la distopía por fuerza tiene que ser prácticamente inevitable. Para principios del Siglo XX había signos de que ese sueño de un mundo feliz y tranquilo que nos esperaba en el futuro no se iba a conseguir. Hubo dos autores en particular que vieron claramente el problema que se venía para la humanidad. Los signos eran claros: La crisis económica de los años 20, la explotación de los recursos naturales, el crecimiento exponencial de la población, el desempleo, la desigualdad, las guerras… El caos parecía asegurado, a menos que se implementara alguna forma de control sobre la población. Estos dos autores predijeron que dicho control se haría de formas distintas.

 

Aldous Huxley se imaginó un futuro hedonista, dedicado al placer y a la concupiscencia (léase libido y lujuria), en donde la humanidad permanece bajo control en virtud de sus vicios y necesidades creadas. Todo lo que implique goce en el mundo feliz de Huxley se puede conseguir ya sea de manera natural o artificial (gracias a la tecnología), y lo único que no es perdonable es cuestionarse por cómo funcionan las cosas. La imagen es muy importante y la humanidad ha abandonado algunas de sus funciones naturales (como la reproducción), delegando esas tareas molestas en máquinas y artificios de alta tecnología.

 

La otra versión distópica es la de George Orwell, en la que la tecnología se usa para hacer un control furibundo y milimétrico de las personas. No puede haber el menor atisbo de descontento con respecto a las autoridades o el gobierno. La privacidad está prohibida, la libre expresión y el disentimiento están al nivel de pecado de muerte. En este futuro distópico la historia y los hechos son acomodados a cada segundo, a voluntad de los líderes, para favorecer sus intereses. Tan extrema es la manipulación de los hechos que las personas no llegan a estar seguras nunca de qué cosas pasaron en realidad y qué otras fueron inventos.

 

Durante muchos años las obras de Orwell y Huxley se consideraron de ciencia ficción, al estilo de otras distopías más modernas, como Terminator, Matrix o Mad Max. Lo otro es que se consideraban extremos opuestos del espectro: O nos controlan atiborrándonos de placer, frivolidad y vicios, o nos impiden de manera violenta cultivar y expresar nuestro criterio. Eso sí en ambos casos la tecnología es un elemento clave.

 

Pues como diría César Gaviria, bienvenidos al futuro. La distopía ya nos llegó, combinando elementos de Huxley y Orwell de la manera más maquiavélica posible. ¿Quien puede negar que hoy en día no la pasamos embobados con la tecnología, que podría servir para muchas cosas buenas, pero que al mismo tiempo nos pone en la palma de la mano (literalmente) frivolidad y desinterés por nuestra realidad? ¿Quien puede negar que esa misma tecnología sirve para monitorear nuestros hábitos, gustos, intereses y opiniones, y que hoy en día la privacidad se ha vuelto un bien de lujo? Pareciera motivo de orgullo estarse exhibiendo, contando y mostrando los lugares que se han visitado, los alimentos que se han consumido, e incluso la forma en que cada uno “está pensando”.

 

Con razón dicen que la realidad tiende a superar a la ficción. Por eso aunque triste, a mí no me sorprende mucho lo de las elecciones de USA esta semana. Sorprendente sería esperar decisiones racionales de una sociedad superficial y esnobista, y al mismo súper vigilada. Por ahí dicen que el siguiente paso en esta novela distópica es el apocalipsis zombie. Yo por si las moscas voy a empezar a tapiar las puertas de la casa.

 

 

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