La tragedia del hombre que no cree en nada

  • Pero entonces, ¿Usted no cree en nada?
  • Creo en lo que dice la Termodinámica: Que la Entropía (el desorden, el caos) en este Universo no hace sino aumentar, y que ese aumento es inevitable…
  • Pero mire que no todo es desorden, hay personas, inventos, ciudades, tecnología… Usted me pone de ejemplo a la ciencia para decirme que todo va hacia el caos.
  • Las personas, la tecnología, los inventos y hasta la misma ciencia, no son más que la confirmación de la regla. Si no me cree, mire cómo tenemos al mundo. Habrá muchos que a esto le llaman progreso, pero yo no lo veo así. Ahora tenemos herramientas más poderosas e innovadoras, pero el resultado es el mismo, o quizás un poco peor, como dice Arjona…
  • ¡Ahora ya me está citando a Arjona! Vea: A mí me parece increíble que Usted no sea mínimamente espiritual. ¿No piensa en la muerte? ¿No extraña a un ser querido que ya no está? ¿No le gustaría que de esta vida pudiéramos pasar a otra mejor?
  • Pues lo de la muerte no es para ponerle tanto misterio. Hubo un tiempo en que me aprendía los epitafios y las últimas palabras de famosos para pasar por culto. No vaya Usted a creer que si uno recita en una reunión lo que dijo Napoleón en su lecho de muerte, la gente lo trata con más respeto. Hasta estuve pensando en las que me gustaría que fueran mis últimas palabras…
  • ¿Para despedirse de este mundo y pasar al otro, o para dejar algo de Usted digno de ser recordado?
  • No… otra vez era para pasar por sabio e inteligente. Yo no creo en nada del otro mundo, pero lo jactancioso y fantoche me pueden más… De todas formas desistí de eso, porque me di cuenta que un pobre diablo moribundo puede decir las palabras más sabias o más hermosas, y pocos le van a poner atención. La clave de los epitafios es ser famoso. Cuando un personaje célebre se muere, puede decir cualquier babosada, y la gente es la que le agrega un aura de misterio y de importancia. Como la vida mía no tiene nada de interesante o digno de ser mencionado, no importa mucho lo que diga cuando me muera. Nadie se va a acordar después…
  • Pero al menos sí creo que después de muerto le gustaría que sus seres queridos lo visitaran, que su cuerpo fuera tratado con respeto. Mire todas esas culturas que le han botado tanta corriente a la última morada de las personas…
  • Pues aunque lo de la última morada fuera cierto, uno ya no va a sentir nada. Nos vas a ver los familiares, ni los monumentos, ni la caja suntuosa. El cuerpo del que muere entra en ese ciclo entrópico en el que un tiempo después ya no hay nada reconocible. Yo preferiría que me cremaran y botaran las cenizas, para que no hubiera lugar a dónde me pudieran ir a buscar. Me parece que dejar una tumba es muy egoísta.
  • Pero entonces, ¿Usted no cree en nada? ¿No le conmueve la belleza del mundo? ¿No piensa que el simple azar es incapaz de darnos tanta diversidad, tantas especies de animales y plantas? ¿No cree que su propia vida, su felicidad y hasta sus tristezas son consecuencia de los planes de un ser superior?
  • No… creo que hay un Universo en el que las leyes están basadas en la incertidumbre, y que ante esa realidad, las personas nos hemos inventado historias líricas y maquilladas, para consolarnos en nuestra soledad e impotencia. Me parece un desperdicio perderle tiempo a esas historias…
  • Pues entonces me da mucha pena, pero no me deja otra opción: Va a tener que venir a trabajar de lunes a miércoles santo…

 

 

 

 

 

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