Sobre lo poco ético de prometer desnudos y no cumplir

Un buen terapeuta le dirá que estar rumiando el pasado o anticipando el futuro es un desperdicio de energía, un generador de expectativas innecesarias, y a la larga motivo de frustraciones o culpas evitables. De carambola el mismo terapeuta también le recomendaría que si Usted es proclive a la depresión o a la tristeza, no le conviene estar sumergido en historias oscuras o pesimistas. Valga entonces la pena advertir por adelantado que si Usted se ajusta al perfil de aquellos que necesitan terapia, que en estos días parece abarcar a todo el mundo, quizás no sea conveniente que continúe con el mensaje de spam que está leyendo. De pronto sea mejor parar en seco ahora y ponerse a trabajar (que dicho sea de paso, es lo que debería estar haciendo este servidor), que tener que contar tristezas recostado en un diván después. A pesar de mi inconsciente deseo narcisista de ser leído por los que todavía no me ponen en la lista de correo no deseado, prefiero sinceramente ver a los destinatarios de este mensaje ahorrando su energía vital, y robarle clientes a los del Valium. Ignórese la contradicción que implica mandar el mensaje en primer lugar.

 

En todo caso, y luego de la advertencia del principio para no continuar leyendo (que curiosamente se está volviendo muy frecuente), aclaro que este mensaje trata sobre cine. Y más particularmente sobre un género que hasta hace relativamente poco supe que se llamaba o cine negro o noir. Busqué en Wikipedia y resulta que la definición de este género es bastante difusa, aunque sí se pueden identificar varios ingredientes comunes: Historias oscuras relacionadas generalmente con el crimen organizado, una estética impecable, y un arcoíris de tonalidades en gris en las que uno no termina de identificar bien quienes son los buenos y quienes los malos. Hay eso sí una característica común que no aparece con respecto al cine negro en Wikipedia (al menos para mí): Que de manera casi imperceptible y subyacente, las películas de cine negro plantean una cuestión existencial muy profunda, fundamental.

 

Tarde me vine a dar cuenta que muchas de las pelis que me mueven el piso terminan aforadas en esta categoría de cine noir: El Padrino, Carlito’s way, Casino, Touch of evil, etc. Este año se cumplen veinte años del estreno de una de esas películas, que yo me atrevo a decir que está entre mis cinco favoritas de todos los tiempos. El título en inglés fue L. A. Confidential, pero aquí por razones comerciales y para arrastrar más público le pusieron disque “Los Ángeles al desnudo”. Reconozco que el título puede ser engañoso, y de hecho muchos de mis contemporáneos dirán que la peli es más bien malita, seguro por aquello de las falsas expectativas, y de los desnudos que se prometen tácitamente en el título. Y aunque está Kim Bassinger y habrá una que otra escena fuertecita para los estándares de la época, la película no va por ahí.

 

Yo en cambio enfatizo convencido que la peli es de lo mejorcito de los años 90. Ahora mismo le podría botar corriente a la historia, a la crítica que en ella hacen de la sociedad del show y del cine, a los cinco o seis actorazos que trabajan impecablemente en la película, o a la producción y a la música, pero prefiero concentrarme en eso que no menciona la Wikipedia, y que luego tendrán que corregir si hay justicia en este mundo virtual y electrónico: Para mí la cuestión subyacente con L. A. Confidential es cuál es el origen de lo que percibimos como malo en el mundo. ¿Estamos las personas inherentemente predestinadas al bien o al mal? ¿Es lícito ir cediendo en cuestiones éticas al vaivén de lo que dicta el mundo, ir moviendo la línea que separa lo que se debe o no se debe hacer?

 

La respuesta a esas preguntas no la sé, y seguro que la película tampoco contesta nada de forma definitiva, aunque sí deja a mi juicio un saborcito pesimista. Si uno lo pone en términos filosóficos, creo que la película plantea la eterna y no resuelta disyuntiva entre ética y moral. Y aunque un humanista o un filósofo se podrían estar frotando las manos en este punto, mi ingenierito interior corta de plano con este rollo más bien incómodo, y hace notar que quizás este asunto tan pesado del bien y del mal, de la ética y la moral, es la razón por la cual la peli no cayó muy bien en Latinoamérica, en donde asistíamos en su momento un poco de jóvenes con las hormonas alborotadas para ver ángeles al desnudo.

 

En todo caso, y aprovechando los veinte años de la película, seguro que de pronto la ponen en estos supercanales de la parabólica, donde les encanta rumiar vejestorios. Si ese es el caso, recomiendo la película sinceramente, seguro que uno la puede disfrutar de muchas maneras diferentes. Y hablando de rumiar vejestorios del pasado, ¿estos que hacen la programación de los canales, es que no tienen terapeuta?

 

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