De Nazis, libros prohibidos, el pesebre y las cenizas

Por allá en el Siglo XIX el papa Pio IX (Pionono), se hizo declarar infalible por el Concilio Vaticano Primero. Para ese momento la vieja fórmula para lidiar con las contradicciones del cristianismo estaba muy gastada. Eso de andarle prendiendo una candela por debajo a todo el que pusiera en peligro una verdad que no se sostenía sola, había funcionado muy bien durante una época que por pura coincidencia hoy en día se conoce como oscurantismo. Pero los tiempos de Pionono eran diferentes. La alharaca de los derechos del hombre, la revolución francesa, la industrial y el humanismo, habían hecho que cosas como la inquisición o la esclavitud se vieran mal. Era necesario buscar otras formas de defender el dogma, sin parecer un cruel o un déspota.

 

Lo que Pionono no fue capaz de anticipar es que declararse infalible es casi tan ingenuo como creerse dueño de la verdad. Habrían de venir muchos sucesores del primer indefectible, y todos habrían de actuar como lo hacen aquellos que se han curado del estreñimiento: Haciendo una cagada de forma más o menos periódica. La lista de estas salidas en falso papales es larga y oprobiosa, aunque no dejan de llamar la atención algunos casos particulares.

 

A Juan Pablo I lo mataron (dicen) a pocos días de haberse convertido en papa. Se había propuesto limpiar las finanzas del estado vaticano y acabar con la guachafita de lavado de dinero en la que se había convertido el banco de dicho estado. El yerro de Juan Pablo estuvo feo: No se metió con el de arriba, sino con la mafia italiana, y esos no perdonan. Hasta mediados de los años 60, el vaticano mantenía y actualizaba una lista de libros prohibidos para todo el que se preciara de ser piadoso. El infalible de ese momento (Pablo VI), se contradijo con sus predecesores al decretar que la lista ya no iba más. Pio XII sale bastante mal parado del episodio de la Segunda Guerra Mundial. Parece ser que era más que colaborador con los nazis, y que incluso organizó rutas de escape (por una ciudad que se llama Odessa) para sus altos mandos, cuando la guerra se sabía perdida. Wojtyla dijo en algún momento que el purgatorio no existe, y su sucesor afirmo sin pestañear que el infierno sí existe. Que si los condones aumentan el riego de las enfermedades de transmisión sexual, que si las mujeres, que si los divorciados, que si las mascotas, que si los homosexuales…

 

Joseph Ratzinger dijo hace unos años que en el pesebre originalmente no había ni mula ni buey, llevándose por delante la letra de más de un villancico. Yo me aguanto que la iglesia sea misógina, abusiva, torturadora, represiva y autócrata, ¡pero el pesebre se respeta! Quizás el objetivo de Benedicto era zanjar el asunto del mal olor que debía haber en el pesebre, o de por qué la mula y el buey no se comieron el heno calientico en el que reposaba el niño, pero se dejó llevar.

 

El representante actual de Dios en el mundo ha dispuesto que eso de esparcir las cenizas de la gente disque está mal. Nada de mantener a la abuelita en una urna en la sala de la casa, eso no es cristiano. Yo tenía planeado que después de muerto me cremaran y tiraran las cenizas por ahí en cualquier parte. Incluso por la alcantarilla. No me gusta la idea de irme dejando una ilusión de permanencia con una tumba o una urna. Parece ser que bajo las nuevas disposiciones infalibles, mis planes no son del agrado de Dios. Vaya sorpresa. Con el crecimiento tan acelerado de la población es curioso que la iglesia esté a favor de promover cementerios, camposantos y cosas por el estilo, aunque puede llegar a tener lógica si se involucra la variable financiera en el asunto. La otra cosa que puede darle réditos a los infalibles es el asunto de la exclusividad: Si quieres ver a un ser querido que ya falleció vas a tener que hacerlo a través de un agente autorizado.

 

Yo estoy intrigado por saber por dónde vendrá el próximo varillazo infalible. Ojalá a algún iluminado de estos le dé por prohibir eso de tomarle fotos a la comida, o el reguetón, o excomulgue a Ricardo Arjona. Soñar no cuesta nada.

 

 

 

 

 

 

 

 

Yo quiero de lo que fumaron los del Nobel

Grandes escritores colombianos como Jorge Barón, Roy Barreras y yo, estamos indignados con esta gente de Estocolmo. Esto es el colmo. No les bastó con el Nobel de paz a Obama o a Kissinger, que carga un poco de muertos, torturas, golpes de estado, y autocracias. No, los del Nobel se han superado este año. En primera, le dieron el premio de paz a Juanpa Santos. Yo con eso no tenía mucho karma, aunque está el asunto de los falsos positivos cuando nuestro ilustre presidente era ministro de defensa.

 

Pero lo de Bob Dylan no tiene perdón. Lo de los muertos, las torturas y las autocracias palidece ante el oprobio de darle el premio de literatura a un compositor y cantante. Que disque porque es “un nuevo símbolo de la poesía a través de la tradición americana de la canción”. En esa frase hay un montón de cosas que no me cuadran: Lo de nuevo, lo de poesía y lo de tradición americana. Gabo debe estar revolcándose en la tumba. Ahora es igual de meritorio escribir una novela memorable, que componer una canción con retazos de frases disque poéticas. Buenas noticias para el reguetonero Pitbull, que dice inspirarse en Cortázar y Neruda. Debe estarse frotando las manos y pensando en el día que le toque ir a Suecia a recibir su premio.

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Los paisas tienen un verbo para estas situaciones. Diría algún hijo de esta tierra que los Nobel se perratiaron. Y mientras lucho con el autocorrector para que me deje la palabrita como está, pienso en todas aquellas situaciones en las que alguna institución, persona o premio prestigioso pierde interés cuando se vuelve corriente y vulgar. Cuando deja de ser exclusivo. Ahora unos años tener visa gringa era casi la antesala del Olimpo. La gente salía llorando de la embajada cuando se la negaban, o como si se hubiera ganado la lotería en caso contrario. Paradójicamente, luego que me la dieron a mí, me di cuenta que el asunto se había vuelto anodino. De hecho ahora están pensando hasta en quitarla.

 

Cuando una cosa especial se vuelve pueril, pierde su encanto. Lo mismo se podría decir de los premios Grammy, o de los Óscar con DiCaprio, o del reinado de Cartagena. Ya pocos les paran bolas, porque cualquiera se los gana. La buena noticia de eso es que nosotros, los de media tabla, podemos aspirar a que la cosa se perratee tanto que nos toque algún premio, otrora prestigioso. En algún momento la real academia sueca puede llegar a considerar que “llenar las casillas de correo ajenas con mensajes no deseados e incipientes, se ha convertido en una nueva forma de impulsar la tradición cultural”. Y ese día, ese maravilloso día mis queridos amigos, goleo.

 

En todo caso, y viendo lo de Dylan, yo sé que faltan muchos años para eso. Toca esperar a que la cosa tome fuerza y que el premio se siga perratiando a límites obscenos. Por ahora me inquieta una cosa que me dijo mi esposa y que no me ha dejado dormir. Que como van las cosas, le van a dar un Nobel de literatura a Ricardo Arjona. Como no podía ser de otra forma, y para rematar con broche de oro esta nueva pieza de la tradición cultural, copio aquí un extracto del maestro:

De vez en mes te haces artista

Dejando un cuadro impresionista

Debajo del edredón

De vez en mes con tu acuarela

Pintas jirones de ciruelas

Que van a dar hasta el colchón.

 

Una lista de cosas inquietantes

Por solicitud expresa de una amiga, y atendiendo intereses meramente académicos, se me ha pedido que haga una lista de imágenes, escenas o situaciones que puedan inducir al estrés a las personas que las perciban. El objetivo es efectuar un ejercicio en donde se pueda correlacionar el estado emocional de las personas con el nivel de tensión muscular, medido por medio de unos electrodos.

 

No quiero ahondar mucho en el por qué cuando surgió el problema de encontrar estímulos que angustiaran a las personas, pensaron en mí. Hay cosas de las que es mejor no saber. Más bien pretendo tomarme mi tarea muy en serio y como no podía ser de otra forma, me ha dado por escribir del asunto. Sigue a continuación una lista de las que para mí son algunas de las escenas más estresantes del cine. De esas que le aceleran el pulso incluso a Chuck Norris o Steven Seagal.

 

También quiero proponerle a los habituales de estos mensajes y que todavía los leen, que si se les ocurre alguna otra joya que merezca estar en la lista, me lo hagan saber a la mayor brevedad, para complementarla y pasársela a las encargadas del estudio. Hoy voy a abusar de su buena disposición, para que colaboren indirectamente con el asunto. Ahora sí, la lista:

  • 127 horas y la carnicería que nos habían podido ahorrar. La película cuenta la historia real de un excursionista que se queda atrapado en una cueva y para poder escapar y sobrevivir, se tiene que cortar el brazo él mismo. La peor escena obviamente es la del brazo, además porque la hicieron muy explícita. (https://www.youtube.com/watch?v=fppKCutIYrM)
  • The room. Esta peli estuvo nominada al Óscar hace poquito. Cuenta la historia de una muchacha que ha estado secuestrada hace varios años por un psicópata. La muchacha se la pasa encerrada en un cuarto (de ahí el nombre), donde convive con un hijo que tuvo mientras estaba cautiva. El niño no conoce nada del mundo exterior, y la escena más angustiosa que he visto desde hace mucho tiempo, es la del escape del niño. (https://www.youtube.com/watch?v=cvM1-3uu5h0)
  • Misery. Misery es un libro de Stephen King, en donde se explora cómo el fanatismo que tienen algunas personas por artistas y famosos, se puede volver enfermizo y llevar a la locura. La peor escena de la película es cuando la fanática (Kathy Bates) se asegura que su ídolo (James Caan) no intente escaparse otra vez. (https://www.youtube.com/watch?v=1Zzg3UP-x8k)
  • Toda la película El Hostal. Sin comentarios.
  • El resplandor. Otra de Stephen King. Esta peli tiene varias escenas que inquietan hasta el más impasible, incluso hoy en día. Entre las más más, me suenan la del hacha, y la de las gemelas. (https://www.youtube.com/watch?v=75Nl8kdHRYo https://www.youtube.com/watch?v=fxy2ArBdULQ)
  • Gravity. Otra que estuvo nominada al Óscar hace poco. A mí personalmente la peli no me gustó, y tampoco me gusta Sandra Bullock, pero la escena de cuando ella se suelta del transbordador si merece estar en esta lista. (https://www.youtube.com/watch?v=C4pcg7bXgmU)
  • La naranja mecánica. Esta joyita tiene también varias escenas fuertes. Hay una muy parecida a la del experimento que describí al principio, en la que al protagonista lo obligan a ver escenas violentas, para que asocie la maldad con el dolor. (https://www.youtube.com/watch?v=Jv1Bmne20l4)
  • Avenida Cloverfield. Otra situación de escape. La muchacha de la escena ha estado en un búnker con un loco que afirma que el mundo fue tomado por los aliens. Le hubiera valido mejor no salir a comprobarlo. (https://www.youtube.com/watch?v=ogileDEq1oc)
  • Tusk o el hombre que amaba mucho las morsas. Esta es la historia de un viejo que convivió en una isla con una morsa, y la quiso tanto, que cuando pisó tierra empezó a secuestrar incautos para convertirlos en morsas por medio de cirugía. La película navega entre la inquietud, la pena ajena y la incomodidad extrema. (https://www.youtube.com/watch?v=X5JwdoY_qAE)

 

Yo sé que se quedan por fuera de la lista joyas gore y asquerosas como “A Serbian movie”, pero creo que eso ya estaría muy pasado. Ahora que si lo que se quiere es angustia e incomodidad extremas, se puede buscar un concierto de Arjona o el CD que sacó Amparo Grisales.

Muchas gracias a los que colaboren.

 

 

 

Reflexiones sobre la soledad y el Halls negro

Yo también siento que me caí del mundo, y que me queda muy duro volverme a subir. Como a Eduardo Galeano, me cuesta seguir impasible frente a algunas contradicciones de nuestros tiempos. Por ejemplo, es difícil entender cómo en un mundo en el que estamos conectados virtualmente con todo el mundo, la gente esté tan sola. García Márquez decía algo así como que crecer es labrar un pacto honesto con la soledad, y le dedicó muchas otras reflexiones al tema. Curioso que personajes tan sesudos se angustien por las mismas cuestiones. En ese selecto club de los desahuciados habemos personajes tan ilustres como Eduardo Galeano, García Márquez y yo.

 

Ciertamente la soledad tiene muchas formas. Podría citar otra vez a Gabo, y decir que una de las peores formas de soledad es tener a la persona amada al lado y saber que no será tuya nunca, pero esta vez discrepo de mi colega. La peor forma de soledad es cuando en un grupo alguien habla de un tema que todos conocen, menos uno. Cuenta como ejemplo el chiste que todos los demás entienden, y del que te ríes más por deferencia y aceptación, que por un impulso hilarante honesto. O el tema frente al cual te toca asentir mecánica e indefensamente, dados los argumentos y contra argumentos, porque no tienes ni idea de qué se trata. El problema adicional es que aparte de soledad, aparece la vergüenza natural por la ignorancia.

 

En cuanto a temas de conversación en grupo, he tenido que sufrir por uno que estoy seguro que ni Gabo, ni Galeano, ni ningún otro sabio ha enfrentado antes: El potencial que tiene el Halls negro para mejorar la calidad de un encuentro erótico. Si ya de por sí es difícil enfrentar el círculo vicioso de la soledad, la vergüenza, y la ignorancia, el tema del Halls negro viene siendo como la cereza en el pastel, porque añade la sensación se ser poco hábil en cuestiones amatorias.

 

Ser neófito en el tema cuando todos parecen expertos, lo enfrenta a uno además a cuestiones espaciales (¿Dónde?), cronológicas (¿Cuándo?) e incluso cromatográficas (¿Por qué putas el halls debe ser negro?). Una búsqueda en Google no ayuda mucho y seguro que si Gabo hubiera escuchado del tema, habría sacado uno de sus geniales pensamientos al respecto. O a lo mejor una novela, uno nunca sabe.

 

Por lo pronto yo me conformaría con entender la risita maliciosa cuando el asunto sale a tema en una conversación de grupo. También sería bueno poder emitir alguna opinión, que no necesariamente tiene que ser del tipo “a mí me pasó…”, pero si al menos algo así como “he oído que…”. Yo puedo entender a aquellos que afirman que hay cosas de las que es mejor no saber, pero por razones meramente académicas, creo que un poquito de información en este caso no hace daño. Mientras alguien me lo explica, seguiré sin poder subirme al mundo, como Eduardo Galeano.

 

 

Sobre la esclavitud voluntaria

 

Todos habremos visto la escena: Uno de los personajes de Matrix llenándose la boca con carne, que él mismo reconoce que es falsa, mientras sentencia que la ignorancia es felicidad. A él no le importa mucho que la carne sea solamente un conjunto de impulsos eléctricos que Matrix ha puesto en su cerebro, y reconoce que prefiere una felicidad simulada que conocer una realidad desoladora. En el fondo el asunto es ese: El hombre de la caverna de Platón, que la ha abandonado y conoce los detalles de su propia existencia, se lamenta por no haberse quedado quietesito de espaldas al fuego, disfrutando del calor y de no saber nada. O en el caso de la película, se lamenta por no haber tomado la pastilla azul.

 

La ignorancia es una prisión cómoda y como se ha mostrado, incluso deseable. Es de esas cosas que propician situaciones de esclavitud voluntaria. Como la madre que cuida y defiende al hijo calavera, o de la esposa maltratada que defiende al marido, o la población vapuleada que se empeña en elegir y perpetuar al mismo tirano. “Todos hemos sido el negro de alguien, alguna vez”, sentencia Matthew McConaughey en El Valiente (si, otra película), queriendo decir que todos hemos sufrido algún tipo de esclavitud. Habría que agregar que muchas veces nosotros mismos defendemos a nuestros opresores y nos forjamos las cadenas.

 

Mucho antes de la proclamación de los derechos humanos, de la resistencia pacífica de Ghandi y de las revoluciones en contra de las monarquías y los imperios en todo el mundo, un francesito de nombre Étienne de La Boétie, ya había sentado las bases de lo que implica la servidumbre voluntaria. Aunque entristece un poco, la humanidad parece tener una tendencia natural a forjar su propio yugo, y la historia nos brinda ejemplos suficientes y desesperanzadores: Monarquías, feudalismo, religión, nepotismo, corrupción política, fanatismos. No extraña entonces ver a grupos de personas felices feriando su futuro en nombre de un partido, o de un político, o de un dogma.

 

Toca entonces de mala gana tomarse la pastilla roja y rechazar el sitio en la caverna de espaldas al fuego. Toca rehusar toda forma de fanatismo, o de tiranía, o de servidumbre voluntaria. Toca buscar y esperar la verdad, aunque no se logre nunca, y aunque encontrarla implique incomodidad y desasosiego. Toca asumir lo que somos y cómo somos.

Doce pasos hacia la mediocridad

El concepto de la “media tabla” es uno de los favoritos de mi papá, que siempre fue aficionado al fútbol. Un equipo de media tabla es de esos que no pelea nada importante, ni aparece entre la lista de favoritos a nada, pero de vez en cuando le daña el caminado a un equipo grande. A mí el fútbol nunca me gustó tanto, pero me quedé con el concepto, entre otras cosas porque yo me considero de ese selecto grupo de los de media tabla. De esos que como diría Groucho, partiendo de la nada alcanzamos los más altos estándares de la mediocridad.

De media tabla son esas reinas que nombran como la más fotogénica, o la más simpática, y que al final no quedan ni de tercera princesa. De media tabla son actores como Chuck Norris, Steven Seagal, Di Caprio (antes del Óscar), Danny Trejo o Bill Murray. De media tabla son los deportistas que de pronto llegan a ganar diploma, pero no medalla. De media tabla son cantantes como Tulio Zuluaga, Jorge Cárdenas, Amparo Grisales, Ricardo Arjona, Noel Petro o Jorge Velosa. De media tabla es un país como este: Violento y lleno de desigualdad, pero en el que supuestamente vive la gente más feliz del mundo.

Una de las ventajas de vivir en hacia el centro de la tabla es que no se generan expectativas. Por ejemplo: Nadie espera el ascenso inminente de Delfín Quispe a los primeros lugares de la música mundial, y eso es bueno. Los budistas dicen que la felicidad se logra eliminando todo deseo y toda necesidad del ser. Yo agregaría que es necesario también eliminar toda expectativa posible. Así no se decepciona a nadie. Esto lo sabe cualquiera (media tabla o no) que haya vivido lo suficiente en este mundo, aunque saberlo sea muy distinto que ponerlo en práctica.

¡Ay vida cruel!, qué fácil nos dejamos seducir por el canto de sirenas. Con qué facilidad cayeron el Fausto de Goethe y el Neo de Matrix, cuando les dijeron que había otra verdad oculta. Qué rápido firmó uno el contrato y tomó el otro la pastilla. Estar uno cómodo regodeándose en la mediocridad, y ser tentado por el leviatán que te dice al oído que eres bueno para algo, que te estás desperdiciando. Algo así como lo que le pasó a Jota Mario Valencia con el canto.

Pues citando a uno que no han dejado descansar en paz todavía, yo era muy feliz y vivía muy bien, hasta que me di cuenta que no era un media tabla para todo. Que había algo en lo que era realmente bueno, que me podía codear con los mejores. La afición por el SPAM me vino casi al mismo tiempo que llegó el internet a Colombia. Creo que Univalle fue una de las primeras universidades del país que disponía de internet libre en el campus y hubimos algunos que fuimos de los primeros en tener correo electrónico, chat (vía IRC) y acceso a la web. Viendo la cosa en perspectiva y luego de varios blogs, miles de imágenes, videos, memes, y gigas de información inútil, he llegado a la conclusión que la cosa no podía ser de otra forma: El SPAM se me facilita porque empecé desde hace mucho.

Pero ahora siento lo mismo que Fausto cuando se dio cuenta de lo que había firmado, o Neo cuando vio cómo es el mundo real. Los amigos me bloquean en el Whatsapp y me esquivan en los pasillos. Algunos me han dicho abiertamente que estoy pasado con el asunto y temo que en algún momento me hagan la encerrona para una intervención. En la casa no dicen nada, porque me imagino que tienen la tolerancia típica que se le detenta al pariente calavera. A ese que por ejemplo le empeña las cosas a la mamá, o que no se va de la casa después de los 45 años.

En todo caso, creo que ya es momento de tomar cartas en el asunto. De dejar de creerme tanto y volver a la zona de confort que representa la media tabla. He empezado un programa de doce pasos, del cual les iré contando por este medio (ignórese que eso también es SPAM). Supongo que debo empezar por el principio, como muchos otros antes de mí:

  • Hola a todos, me llamo Freddy y soy spammer.

 

 

 

 

Reflexiones sobre la utopía

Eduardo Galeano decía que la utopía vive en el horizonte. Que cada que uno se acerca dos pasos para tocarla, ella se aleja, y que en últimas para eso sirve, para avanzar. A la utopía por definición no la podrás alcanzar nunca, pero seguro que persiguiéndola se logran resultados interesantes. La cosa es que inalcanzable o no, ahí está, visible. Es como esa zanahoria que en las caricaturas le amarran con un palo por delante a la mula para que se mueva. O como las promesas de prestigio, belleza, bienestar, poder o dinero que hacen los que gestionan la publicidad. Comprando cierto producto X se logra la felicidad completa, o al menos te pareces más al ejecutivo triunfador o a la madre perfecta que sale en el comercial. Los publicistas se saben ese discurso como el abecedario, y lo explotan a discreción.

 

Pero más allá de los publicistas, hay unos magos que logran el mismo efecto sin mostrarle siquiera la zanahoria a la mula. Y logran tal nivel de convencimiento, que la mula se tira gustosa por un barranco, o se pone en contra de sus congéneres por la promesa de una zanahoria invisible. La utopía de estos genios de la manipulación ya no está en el horizonte, ni siquiera a la vista. Está más allá de lo que se alcanza a percibir. Y ver esta utopía sin verla, ser capaz de creer en ella, es coincidencialmente una de las virtudes más apetecibles para el rebaño (así le llaman a la recua de mulas). En este discurso de utopías incorpóreas, es dichoso aquel que es capaz de creer sin ver, o el que tiene fe como un grano de mostaza, porque es capaz de mover montañas.

 

La gran ventaja de poner el destino más allá del horizonte y oculto a la vista, es que la verdad se vuelve maleable, mutante. Se puede cambiar el discurso a conveniencia y sintonizarlo con el devenir del mundo. Hace mil años Dios había hecho nuestro planeta en el centro exacto del universo, hace quinientos años lo había hecho plano, hace doscientos el hombre había salido de una figurita de barro, hace cuarenta Dios había dispuesto que ciertos libros estaban prohibidos. Leyendo todo esto uno se pregunta sobre lo que dispondrá Dios mañana. Es como una novela de esas de misterio en donde no se sabe con qué sorpresa van a salir en cada momento.

 

Pero estar cambiando la verdad para hacerla consistente con los avances de la ciencia, o porque la zanahoria de turno se ha vuelto insostenible, tiene una desventaja enorme: Las contradicciones. Salman Rushdie se dio a la tarea de recolectar todas las contradicciones que aparecen en los libros sagrados del Cristianismo y del Islam, dos de las tres religiones abrahámicas del mundo y que abarcan en feligreses más de un tercio de la población mundial. Algunos imanes del Islam explicaban estas contradicciones diciendo que eran obra del mismísimo diablo, que intervenía para hacer quedar mal a su profeta, Mahoma. Es por eso que Rushdie decidió llamar a su libroLos Versos Satánicos. Para hacer el cuento corto, Rushdie no puede dar la cara hoy en día y lleva más de veinticinco años amenazado de muerte por musulmanes extremistas. Por el lado cristiano la cosa no ha sido más sutil. En la edad media uno no podía hablar de las contradicciones de la fe, sin que se le fuera prendiendo una hoguera debajo de los pies. El discurso cristiano es el del amor infinito siempre que estés de acuerdo con el dogma, en caso contrario a uno le podía ir como a Giacomo Bruno, o Lazaro Spallanzani, o Galileo.

 

La era digital ha permitido tener a la mano un montón de información y ahora es mucho más fácil contrastar y disponer de muchas de estas inconsistencias. Ahora los políticos y famosos se cuidan mucho de lo que dicen y publican en las redes sociales, porque saben que todo se puede volver en su contra en el futuro. Hay un proyecto que se ha dado a la tarea de recolectar en una única infografía todas las contradicciones de la biblia, que mal contadas superan las seiscientas. Cosas como si el divorcio es aceptable, o si Dios es fiel a su palabra, o incluso si es correcto ser feliz, tienen diferentes respuestas en la biblia, dependiendo de dónde se mire. Para la última cuestión, la de la felicidad, libros como el de los Proverbios o el Eclesiastés dicen que para las personas es bueno buscar el bienestar y la felicidad. Sin embargo, el mismo libro del Eclesiastés y los libros de Lucas, sostienen que el hombre ha venido al mundo a hacer luto, ayuno, y a padecer sufrimiento, y que de esta forma puede agradar a su Dios. Nadie cuestiona la habilidad de los que promulgan el dogma del sufrimiento: Aparte de ser invisible, la utopía promete una vida de privaciones e incomodidades, y aun así hay una recua siempre creciente de personas dispuestas a perseguirla.

 

El discreto encanto de no saber

Dicen que uno va madurando en la medida en que sus ídolos van desapareciendo. Algunos de esos ídolos se van por las buenas, cuando la fuerza de la edad nos muestra lo ridículo de nuestra veneración, y a algunos otros prácticamente toca matarlos, como hizo Nietzsche con el mismísimo Dios. En todo caso, otro de los signos de la madurez es tener claro lo que se quiere. Mi mamá dice que cuando uno no sabe para dónde va, cualquier bus le  sirve, y lo mismo aplica en escalas diferentes a la propia vida. Muchos hablan de la felicidad como el fin último de la existencia humana, de modo que la pregunta muta, porque ya sabemos lo que queremos. De hecho, la búsqueda de la felicidad está garantizada como derecho fundamental en la constitución de Estados Unidos, así que no debe ser ninguna bobada. Lo malo es que no hay consenso sobre cómo se logra la felicidad de forma permanente. Como quien dice: Yo les cuento cómo es el Polo Norte, y después que cada uno lo busque donde mejor le parezca.

 

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Aparte de decisiones más obvias como el dinero, el reconocimiento, la belleza o el poder, hay quienes han buscado su polo norte en el conocimiento. Yo también he recorrido esas aguas. Así como con McGiver o El Hechicero, estaba convencido que uno podía ir por la vida feliz sin nada más que sabiendo mucho de todo, y que aparte de ser feliz, le podía ayudar a los demás a serlo. McGiver, El Hechicero y otros ídolos parecidos se fueron más temprano que tarde, pero ya el daño estaba hecho, así que ya más grandecito decidí estudiar ingeniería.

 

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Cuentan que cuando en el cónclave católico eligieron papa a Inocencio VIII, el nuevo vicario de Dios en la tierra solo atinó a decir: ¡Ahora si voy a gozar! Yo con mi carrera de ingeniería pensaba: ¡Ahora si voy a saber! Pero ahora que me pasó la ingeniería por encima, además de  una maestría y un doctorado, puedo decir de primera mano que sigo en las mismas, o quizás peor. Con razón la frasesita de Sócrates. Se sabe un poco más de nada, lo que en la suma total equivale a saber menos. Y al final saber más tampoco contribuye a la felicidad, o por lo menos no a la felicidad que dura. Fausto se pasó la vida buscando el conocimiento, y cuando vio que su misión lo desbordaba, hizo un pacto con el diablo para poder seguir aprendiendo cosas y disfrutar de todos los placeres mundanos. Pobre pendejo: El pacto le supo a cacho (literalmente) el resto de su vida de inmortal.

 

A mí me gusta mucho la metáfora que hace Douglas Adams de todo este asunto, aunque sí reconozco que es una interpretación personal: Una civilización muy avanzada construye una computadora muy poderosa, para que encuentre la respuesta para la vida, el universo y todo lo que existe. Luego de mil años de cálculos y de espera, la súper computadora entrega el resultado: 42. Una respuesta precisa, concreta, fácil y totalmente inútil. Hay quienes dicen que lo que quería explicar Adams realmente era la paradoja de la tecnología. Sabrán más ellos…

 

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En todo caso, así como el 42 no ayuda en nada a responder la pregunta, el saber no nos hace más felices. Más bien tiende a agravar la situación, porque más grave que estar en la inmunda, es estarlo con conocimiento de causa.

 

Así que me he propuesto el camino de la ignorancia. Estoy coqueteándole a la herejía cada vez que como ingeniero contesto “no sé”, e incluso he arriesgado mi integridad personal contestándole lo mismo a mi mujer cuando me pregunta por las llaves o si estoy preocupado. No puedo asegurar que se es más feliz cuando se pasta en los campos de la ignorancia sapiente, pero sí puedo decir que por lo menos se está más tranquilo y que no se espera nada de nadie. Por eso, amigo lector, si Usted continúa al otro lado, del lado de los que saben para ser felices, le recomiendo la Wikipedia para Nietzsche, Inocencio, Douglas Adams, Fausto y McGiver.

 

 

 

 

Bienvenido/a a mi vida perfecta

Muchas gracias por visitar mi perfil. Es Usted muy amable. No voy a pensar que viene Usted a fisgonearme la vida, o a novelear en donde he estado y con quien, ni voy a decir que las redes sociales son la versión moderna de la ventana de la casa que da a la calle, y por la que se puede escuchar  a los vecinos cuando se están cantando la tabla. No, no se trata de voyerismo. Usted ha venido a ver lo bien que la paso todos los días, y si es para algo así de positivo, no puedo quejarme.

 

Como podrá ver en las imágenes que he subido, soy muy feliz. Salgo cada fin de semana, ando en un carrazo, con la mejor ropa, mi mujer me adora y está que se pudre de lo buena que está. Mis niños son unos ángeles, tiernos y amorosos conmigo. Yo he perdido peso, todavía tengo pelo y soy hasta un poco coqueto. Lástima por aquellas que reclaman un pedazo de este filete, pero las cosas en mi matrimonio van súper bien. Notará Usted los manjares que me despacho cada rato. Quizás le parezca un poco pretensioso que le tome foto a mi plato, pero ya que está dándose cuenta de los perfectos que son mis días, tenía que incluir este detalle. Si la comida es para eso, para presumirla.

 

Tome nota de todos los lugares en que he estado. De lo profundos y filosóficos que son mis pensamientos. De todos los libros que he leído, de todos los autores a los que les conozco frases. Aprenda de mi postura política y de las ideas que apoyo, así ese apoyo no vaya más allá de darle like a la causa que esté de moda en un momento dado. Rece conmigo por aquel niño enfermo que necesita 10 mil likes para salvarse, o póngale un “amén” a mi último post, para demostrar que es Usted tan piadoso como yo. Observe mi vida perfecta.

 

No publico nada por presumir. Es más, yo sé que su vida es perfecta también. Así tiene que ser. Esa era la promesa que nos venía de la tecnología: Que algún día nos iba a resolver la vida a todos, que ya no habría vacío, malestar o tristeza. Estamos disfrutando de ese futuro que nos vendieron en el que nada puede salir mal. Hemos aprendido a mostrar las cosas tal y como son, y son perfectas a todo nivel.

 

No se olvide de las fotografías de su comida. A todos nos interesa verlas. No se olvide de estirar la trompa y mostrar pucheca para la foto. No se olvide de la selfi en cuanto lugar esté y con cuanto personaje se encuentre. No se olvide de la frase bonita, profunda, inteligente y mordaz. No se olvide de mostrar que a pesar de lo perfecto de su vida, Usted sigue siendo humilde y sencillo. No se olvide de criticar a personajes detestables y ensalzar a los ídolos de moda. No se olvide de publicar lo viral, y subirse en el carro de lo que es popular.

 

Finalmente regáleme sus likes, los necesito. Déjeme saber que Usted opina lo mismo que yo sobre mi vida perfecta. No se vaya a ir de mi perfil sin darme su aprobación, sin reconocer en mi vida virtual lo que es la felicidad y la excelencia.  Cualquier comentario o mensaje también será bienvenido. De pronto en algún futuro próximo nos veamos y le pueda agradecer personalmente. Eso, si alguno de los dos no está muy distraído tomándole fotos a un plato de comida.

Leyes apócrifas del Internet (y del mundo en general)

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En tiempos del “Epa Colombia”, de youtubers, y de otros demonios virales que desafían la lógica, hay un interés creciente por entender las dinámicas que dominan las nuevas formas de interacción social y virtual. Algunos ven en esto gran potencial para los negocios, la política o la manipulación de masas. Otros simplemente tenemos curiosidad o inclinaciones narcisas por llamar la atención. En todo caso, la forma en que las personas interactuamos ha cambiado radicalmente en las últimas décadas, al punto que parece haber una serie de reglas no escritas sobre la forma en la que se comporta nuestra sociedad. El siguiente es un intento por resumir algunas de dichas reglas, que fundamentalmente aparecen en las redes sociales, si bien algunas otras aplican a las organizaciones o a la sociedad en general.

 

Efecto Dunning–Kruger

Esto es lo que en psicología se llama un sesgo cognitivo, en el cual la gente menos hábil o con pocos conocimientos en algún tema, tiende a sobrevalorar su habilidad en dicho tema. Es una forma de delirio de superioridad en el que las personas se sienten más inteligentes, más hábiles, o mejor preparadas que el resto, sobreestimando sus capacidades más allá de la realidad. La parte menos conocida de este efecto, formulado originalmente por dos investigadores de la Universidad de Cornell, es que aquellos que sí tienen la habilidad, o las capacidades, o el conocimiento en cierto tema, tienden a infravalorarse a sí mismos, ya que para ellos la tarea a desarrollar es más simple y creen que cualquier otro podría desempeñarla. En resumidas cuentas (y esto lo sabe cualquier habitual de los millones de foros que hay en Internet), el efecto predice que los muy incompetentes tenderán a creerse mejores de lo que son, y los muy competentes tenderán a no confiar en sus propias capacidades.

 

 

Ley de controversia de Benford

La ley de controversia de Benford establece que la pasión asociada a una discusión (en un foro de Internet, por ejemplo) es inversamente proporcional a la cantidad de información real que se tiene sobre el tema. En otras palabras, una discusión levanta tanta pasión, como poca información veraz esté disponible al respecto. La formulación de esta ley se atribuye a Gregory Benford, en el año 1980, y se explica fácilmente del hecho de que cuando hay una cantidad suficiente de evidencia clara y explícita sobre un tema, no queda mucho espacio para una discusión aireada sobre el mismo. En cambio, cuando no se dispone de medios imparciales para emitir un juicio, la gente tiende a adoptar elementos subjetivos y emotivos para justificar su punto de vista, lo que hace que la discusión se torne más apasionada.

 

 

Efecto Streissand

Aquí la idea es que cuando existe un interés marcado y evidente de cierto personaje público o sector de la población por ocultar alguna información, dicha información termina teniendo más difusión de la esperada, o en términos modernos termina viralizándose. Hay muchos ejemplos de artistas y personajes públicos queriendo ocultar algún hecho o noticia vergonzosa, que terminan produciendo el resultado diametralmente opuesto. Aplica también para vergüenzas colectivas como las de la Iglesia Católica, los escándalos políticos o los secretos vergonzosos de muchos países.

 

 

Ley de Poe

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La ley formulada por Nathan Poe postula que no importa lo ilógica, o irracional, o ridícula que parezca una frase, si cuando se publica no se hace ver explícitamente que se trata de un chiste, siempre habrá alguien que se la tome en serio. Mejor dicho, hay que avisar que se va a decir algo en sentido figurado, porque si no aparecerá alguien que se lo tome de forma literal.

 

La regla 34

Esta es una regla muy conocida, que básicamente postula que en Internet existe una versión pornográfica para cualquier cosa imaginable.

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Ley de Godwin

Esta ley postula que cuando una discusión se alarga mucho, aumenta la probabilidad de que se mencione un tema sensible y controversial. En la formulación original Godwin nombraba como posibles temas controversiales y sensibles a los Nazis o a Hitler, pero es aplicable a cualquier otra cuestión. Por ejemplo, en los portales de noticias aquí en Colombia es casi regla sagrada que alguien mencione a Álvaro Uribe o a la guerrilla, en un foro sobre un tema que no tiene nada que ver.

 

 

Ley o paradoja de Peter

obediente[1]

Esta ley fue postulada por un catedrático de la Universidad del Sur de California, y establece que en una organización que está basada en la meritocracia, los ascensos sucesivos terminan convirtiendo a las personas en incompetentes. En otras palabras, en una organización o empresa que se basa en el mérito para promover a sus empleados, con el tiempo todos los puestos de trabajo tienden a ser ocupados por personas que son incompetentes para desempeñar su trabajo. La empresa funciona (el trabajo se hace) gracias a esas personas en la organización que todavía no han alcanzado su máximo nivel de incompetencia.